Sublime es una marca ficticia nacida de mi pasión por la cultura urbana y el streetwear, y de una cierta ironía hacia una industria que, en ocasiones, convierte prendas extremadamente básicas en objetos de lujo a precios difíciles de justificar.
El proyecto nace como una provocación, pero acaba convirtiéndose en algo mucho más personal, una caja donde vomitar todo lo que me gusta.
Un espacio sin clientes, sin briefings y sin límites donde puedo experimentar, mezclar referencias y crear simplemente por el placer de diseñar.
Quizá algún día Sublime deje de ser ficticia y se convierta en una marca real. Por ahora, es mi excusa para seguir explorando los límites de la creatividad y el diseño.